ESPECIAL NAVIDAD: EL DIA DE LA BESTIA

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El Día de la Bestia (1995) fue el segundo largometraje de Alex de la Iglesia. Estrenada en todo el mundo, supuso, no sólo el primer éxito comercial del director, sino también, según sus propias palabras, la película que más alegrías le ha dado. Un film con tintes apocalípticos, lleno de ironía, humor, y crítica social, en el que la frontera entre fantasía y realidad es muy ambigua, y  que durante todo el metraje es capaz de crearnos una duda constante sobre todo lo que va aconteciendo.

El padre Ángel Berriatua, fantásticamente interpretado por Alex Angulo, sale al mundo,  tras largos años de reclusión estudiando y analizando escritos, aislado de la realidad,  sin televisión, ni radio ni periódicos, con un total desconocimiento de la sociedad en la que vive. Lo único que le impulsa a salir de su aislamiento voluntario es su afán de ponerse en contacto con el Diablo para poder descubrir el lugar exacto donde nacerá el Anticristo. Tiene que salvar el mundo del Maligno, y para ello debe acercarse al mal, realizar”fechorías” para que el contacto con el Señor de las Tinieblas sea más efectivo. Sin embargo este sacerdote está lleno de ingenuidad, dada por el desconocimiento absoluto del mundo real y las gente que lo rodean, así , su visión del mal y de lo satánico es bastante infantil, incluso repleta de ignorancia.

La historia de este cura, catedrático de Teología de la Universidad de Deusto y  estudioso del Apocalipsis de San Juan con afán de salvar el mundo resultaba más fácil de ser contada por alguien que hubiese pasado su infancia en los Jesuitas y que incluso hubiera estudiado en la misma Universidad de Deusto, alguien como Alex de la Iglesia, que retrató a su  protagonista con los rasgos de aquellos que en otros tiempos habían sido sus profesores. Hombres ensimismados con sus estudios, sin ningún contacto con el mundo real, aparentemente inofensivos,  pero tremendamente violentos.

Es precisamente esta visión ingenua del mundo lo que provocará que el sacerdote descubra señales en todas partes, rastros de este Apocalipsis que se avecina. Lo curioso es que tal vez éstas, sí sean señales auténticas,  por lo que muchas de las casualidades que se repiten a lo largo del metraje, pudieran deberse a designios más elevados. De alguna manera ocurre curiosamente como en una película de Terry Gilliam producida el mismo año, Doce Monos (Twelve Monkeys, 1995) en la que el protagonista viaja desde el futuro a nuestro presente  en una misión por intentar impedir la práctica extinción de la raza humana a manos de una banda de radicales. Al igual que Berriatua, James Cole (Bruce Willis) cree ver señales en todo lo que le rodea y como en el film de Alex de la Iglesia, se nos crea la continua duda de si Cole es realmente lo que dice ser o lo que  todos creen que es, un perturbado mental y no un viajero del tiempo. Ambas películas son muy ambiguas en lo que se refiere a la realidad o lo que sus personajes consideran como lo real.  Es por eso que El Dia de la Bestia se moverá de manera ambigua entre la comedia y el asistir a las desventuras de un cura cuya visión distorsionada de la realidad le lleva a pensar que está rodeado de un mundo a punto de destruirse y el thriller fantástico en el que, efectivamente, el Diablo campa por sus anchas en un Madrid sucio y apocalíptico.

Y es que es en Madrid, donde el padre Berriatua sabe que nacerá el anticristo, el 25 de Diciembre, para ser más exactos. Esta ciudad, es como no, un antro de perdición, abarrotado de adoradores del diablo, pero que curiosamente resulta ser ciertamente un reducto del mal, que continuamente se muestra ante las narices de los protagonistas sin que ellos le presten la atención que debieran. Se trata del grupo fascista “Limpia Madrid”, cuyo rastro está presenta desde que el cura llega a la ciudad y que finalmente toma la forma del mismo Demonio, en uno de esos momentos ambiguos en los que la duda invade al espectador sin saber si lo que ve está pasando o es producto de un empacho de tripis por parte del señor cura y sus compañeros. Así, en su búsqueda del maligno encarnado en cosas tan pedestres como música heavy metal, salas de conciertos con nombre “Satánicos”, pequeños hurtos en grandes superficies, rayones en automóviles aparcados,  o quemaduras de cigarrillos en las plantas de los pies, Berriatua se acabará topando con el mal verdadero, con aquellos que recorren la ciudad ejerciendo la violencia contra los emigrantes o los más desfavorecidos. El mal se encuentra en lo cotidiano, el mal es algo más real e inexplicable de lo que suponemos.

Un héroe así, necesitará, claro está, unos compañeros que le ayuden en su empeño de ponerse en contacto con el Maligno. Su primer fichaje será José Mari- un estupendo Santiago Segura- . El  personaje se topa con el cura cuando éste entra en la tienda de discos en la que trabaja buscando mensajes ocultos en discos de Death Metal. José Mari, fanático de esta música, le coge simpatía al sacerdote y le lleva a la pensión que regenta su madre (Tremenda Teréle Pávez). Su aspecto “heavy” con pelo largo, bastante grueso,  repleto de piercings y tatuajes, le lleva a creer a Berriatua que el muchacho es “satánico”, pero de los de verdad, de los que adoran al diablo y  hacen sacrificios… Naturalmente José Mari está orgulloso de su condición de “satánico” (Y de Carbanchel, a mucha honra), que para él significa algo totalmente distinto. Seguramente, el hecho de que esté continuamente consumiendo tripis y demás estupefacientes, le lleven a seguir ciegamente al cura en su misión. En ningún momento dudará de él y se convertirá en su fiel aliado en Madrid. A modo de un Sancho Panza moderno, le seguirá allá a donde vaya sin cuestionar ninguna de sus acciones, por muy violentas que éstas resulten ser.

El segundo aliado del cura, sin embargo está más ligado a la realidad. Se trata del Profesor Cavan, interpretado por el actor italiano Armando de Razza,. Éste es un cínico, un impostor. Tiene  un programa de televisión llamado  “La Zona Oscura” en el que aparece como un experto en Ciencias Ocultas,  en realización de exorcismos y demás habilidades esotéricas. Razza le da un toque de ironía  y mucho sentido del humor a su personaje cuya fuerza y seguridadcontrasta con la aparente calma de Berriatua y la locura de Jose Mari.  La crítica social está pues presente en la película parodiando estos “realitys”y falsos adivinos  televisivos que engañan diariamente a muchas personas y por otro lado con el anteriormente mencionado grupo fascista que siembra de violencia las calles.

“Con mi ayuda, puedes conseguir lo imposible” dice Cavan en su programa televisivo. Berriatua, por supuesto piensa que se dirige directamente a él y trata de recurrir a su conocimiento para ponerse en contacto con Satán. Primero a través de su libro- un “fraude” según el propio Cavan- y luego abordándole en su casa. Este falso ocultista pasa del escepticismo a la creencia absoluta en las palabras del sacerdote al que, como José Mari, seguirá ciegamente hasta el punto de echar a perder su carrera y prestigio profesional. ¿Qué es lo que le lleva a cambiar tan radicalmente su opinión sobre el cura al que en un principio considera un loco? Aquí es donde entra de nuevo el juego tremendamente ambiguo que nos propone Alex de la Iglesia y que nos sumergirá en al apoteósico final del film.

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