ESPAÑA EN NAVIDAD: PLÁCIDO

Si aún queda alguien con prejuicios sobre el cine español de los años 50 y 60, es que, o habla de oídas, o sufre sobredosis de “Cine de barrio”. 

placido_berlanga-1Durante los años 50 y 60, tres directores esenciales sorprendieron a la crítica mundial: Luis Buñuel, Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga. Luis Buñuel presentó en esos años  “Viridiana” (1961), Palma de oro del Festival de Cannes y censurada durante años; Juan Antonio Bardém estrenó “Muerte de un ciclista” (1955), Premio de la Crítica Internacional de Cannes y calificada como “gravemente peligrosa” por la censura española, y “Calle Mayor” (1955), donde retrató la opresiva sociedad de la época, y Berlanga, entre otras joyas, realizó “El verdugo” (1952). 

Este tipo de cine, en las antípodas de aquel cine oficial de folclóricas, militares y curas, tan divulgado por “Cine de Barrio”, comparte en apariencia la misma “carcasa” (la participación de los mismos actores) pero bebe de otras fuentes, como la tragicomedia norteamericana, el neorealismo italiano, y el eterno esperpento español. 

Fruto de la cosecha creativa de esta época, surge “Plácido”, junto a otras muchas películas que siguen sorprendiendo por su calidad y actualidad. 

Parodiando la caridad navideña, Berlanga construye la comedia más agria, negra y desfachatada de todo el cine español. 

En una pequeña ciudad, durante la Nochebuena, la empresa de ollas Cocinex patrocina una subasta de pobres a la que acuden unos presuntos artistas de Madrid venidos a menos.  

Cada familia rica se lleva a casa a su respectivo pobre. Para formar la cabalgata, contratan a Plácido, que debe pasear una enorme estrella de navidad en su recién estrenado motocarro, cuya primera letra debe pagar antes de que se ponga el sol. 

Plácido, que vive con su familia en el urinario que regentea su esposa, es el único personaje limpio de malicia que aparece en toda la película. 

Con este arranque, Berlanga organiza una película que no deja títere con cabeza: los ricachones bienpensantes, los chupatintas del banco, la familia que vive en unos urinarios, la muerte… y que llegó a estar nominada para los oscars de 1962. A ojos de hoy día, no entendemos como colaron este golazo a la censura franquista. Algo insólito. 

Quizás, fue gracias a la habilidad de Berlanga para camuflar la película como un sainete costumbrista más, una obra inofensiva y de envoltura amable, siempre sobre el filo de la cuchilla para despistar a la censura. Aún así, además del planteamiento antinavideño, el director no olvida detalles, pequeños en apariencia, pero que tienen un efecto demoledor.

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