ESTRENO DE LA SEMANA: MY BLUEBERRY NIGHTS

myblueberrynights

Elizabeth es una joven que después de una difícil ruptura, se dispone a realizar un viaje cruzando América, dejando atrás una vida de recuerdos, un sueño y un nuevo amigo propietario de un café. En el camino (un mágico paisaje urbano de Nueva York y las espectaculares vistas de la legendaria Ruta 66) se encuentra con una serie de enigmáticos personajes.

Elizabeth entabla amistad con otros cuyos anhelos son mayores que los suyos, incluyendo un atormentado policía, su mujer de la que está separado y un jugadora con gafe con una cuenta que saldar.

A través de estas personas, Elizabeth es testigo de los verdaderos abismos de la soledad y el vacío, y empieza a comprender que su propio viaje es parte de una exploración interior.

My blueberry nights no es una excepción en la filmografía de Wong Kar Wai, al contrario, se sotiene exactamente sobre el mismo registro que todo su cine, la sensualidad. El erotismo contenido, mediante la sinestesia del ritmo, de los colores, de las texturas, para caputar el sentir del roce, de la respiración entrecortada, del olor persistente. Sonámbulo sentido del deseo. Encuentros efímeros pero devastadores, de consecuencias imprevisibles, furtivos pero capaces de dejarnos mella, intensos pero a su vez imposibles de ser localizados con precisión en la memoria. Amantes torturados, encerrados por los neones de la ciudad, liberados por una caricia. Asfixiados por la lujuria, pero necesitados de ella… Era, por tanto, lógico que este cine con cierta vocación de cruce de caminos encontrara, en su viaje a las Américas, su ajustado reflejo en las carreteras de la ruta 66. Lo que quizá sea más discutible es si Wong Kar-Wai no debería haber traducido las diferencias culturales, en lugar de fotocopiar su estilo. A mi juicio la única parte en la que su cadencia se ajusta a la perfección es la de Nueva York. También es la más verdadera. Esta es la primera película del realizador de Deseando amar en la que detecto ciertas corrientes de impostura recorriendo el relato, e incluso intuyo un cierto molesto tono new age. Con todo sigue siendo una obra de Wong Kar-Wai con lo que eso implica y con lo que eso me fascina. Nadie fotografía mejor que él la pasión contenida, el fulgor desatado y el sabor amargo de los caminos del amor, para los que a veces ir en línea recta supone dar todo un rodeo de casi 3602 millas de distancia.

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