CLÁSICOS DEL CINE: QUEIMADA

brandoNos encontramos en una isla caribeña cualquiera a mediados del siglo XIX, pasada la revolución Haitiana, muerto Toussaint L´Ouverture, sofocadas duramente las rebeliones en Cuba y Puerto Rico por miedo a un símil Haitiano y abolida ya no sólo la trata en Gran Bretaña, sino la esclavitud. Los esclavos de las plantaciones portuguesas en dicha isla del caribe están a punto de transformar su vida miserable en algo más bajo la esperanza de la rebelión. Como antes he dicho, al haber abolido los británicos la esclavitud, bajo una doble moral que esconde sus verdaderos intereses capitalistas, envían al agente William Walker con una suerte de triple misión: Provocar una revuelta de esclavos, alentar a los potentados caribeños a que si se ponen del lado de la revuelta de esclavos tendrán vía libre para comerciar con Gran Bretaña y posteriormente poner fin a la revuelta de esclavos devolviendo a estos, no a la esclavitud, que estaba abolida, sino a una suerte de trabajo forzado casi peor que su situación anterior, eso si, moralmente más justa.
Este intento de fusión de cine político y de aventuras que refleja las inquietudes humanitarias y sociales de Brando en aquella época, fue un verdadero fracaso estrepitoso de taquilla, debido a por una parte los elevados costos de producción, al haber tenido que rodar con tantos exteriores y tantos extras bajo las inclemencias del tiempo y por otra a que la sociedad no apoyó las intenciones de la película. La sociedad, en realidad, nunca a apoyado sobremanera al cine de denuncia social o humanitaria.
En dicha película, un Brando todavía fantástico, con un discurso sublime pone en evidencia el doble o triple papel que tuvo Gran Bretaña en la destrucción casi total de los sistemas políticos y económicos de las islas del Caribe, y por extrapolación de la destrucción que casi cualquier país colonialista tuvo en los posibles gobiernos de sus colonias. Pone también en evidencia que bajo el velo de la honorable causa de la abolición existían intereses comerciales, capitales, tales como la eliminación de la competencia, eliminando la mano de obra gratuita y por ende un producto más competitivo que el propio. Acompañado por el antedicho desconocido Márquez, forman un tandem sorprendentemente poderoso en la pantalla. Donde observamos que una vez sembrada la semilla de la discordia, nada puede volver a ser lo que era, bajo el moralista discurso final, de que aquél que obra mal, finalmente obtiene su castigo.  

Una impresionante obra de una sublime factura que no fue valorada en su momento y que actualmente sólo es valorada en su medida por cinéfilos empedernidos y sociólogos o historiadores que comprueban in situ algunas de las cuestiones que anteriormente tan sólo se imaginaban en los libros.

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