UNA DE CINE ESPAÑOL: MUERTOS DE RISA

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Muertos de risa es una obra múltiple. Constituye una reflexión acerca de la progresiva decadencia cultural, una mirada corrosiva sobre las relaciones humanas y una reseña de veinte años de vida española (1972-1992).

La calidad de un filme está asociada muchas veces a la variedad de lecturas que suscita. 
Y en este aspecto la película de Alex de la Iglesia es particularmente rica. Como muchas obras interesantes, su punto de partida fue una idea simple. El primer objetivo fue el de contar la historia de dos humoristas -Nino y Bruno- que alcanzan el éxito a pesar del mutuo odio que se profesan. La inspiración para componerlos nació a la sombra de los dúos que alguna vez pulularon en la televisión española, como «Martes y Trece’; «Tip y Coll’; «Esteso y Pajares’, y «Faeminio y Cansado’. La ubicación temporal de la acción surgió así casi en forma natural. Los setenta fueron según De la Iglesia «la época dorada de los humoristas en España… La Transición encaja mucho con la infancia ingenua de los personajes y con su posterior deterioro’ .

El comienzo de la carrera de los protagonistas se desarrolla en los últimos años de la dictadura franquista. La escena que muestra cómo se conocieron los miembros del dúo en un pueblito del interior español sirve también para evidenciar la brutalidad del régimen de Franco, aún en sus años postreros. Ya en Madrid, la primera prueba televisiva de la pareja nos permite conocer lo que De la Iglesia ha llamado «la televisión albana’. Es decir, el tipo de TV -infantiloide y conservadora- que vio en su infancia  y que responde a los patrones de la tiranía. Como consecuencia de que gran parte del éxito de Nino y Bruno se produce en este medio Muertos de risa permite reconocer la continuación y permanencia de los resabios ‘albanos’ en la televisión. La actuación del mentalista Uri Geller en un programa de los setenta y su repercusión entre los televidentes nos da una idea de esta popularización de la banalidad.

Incluso esto está presente en la recreación del fallido intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, conocido como 23 F. La sublevación militar aparece como una función más de esta TV, como una muestra adicional de un espectáculo decadente.  En este aspecto, el ‘acto final’ de los humoristas es consecuente con su trayectoria. Es una presentación morbosa que resume en sí misma toda una forma de abordar la televisión que responde a la propia historia profesional de los protagonistas. Nino y Bruno nacen en los teatros de provincia pero se desarrollan y ‘mueren’ en el mismo medio que los llevó a la fama y la autodestrucción. En un ámbito donde la repercusión se basa en muchas ocasiones en la exhibición de las crueldades y las miserias humanas.

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