SERIES TV: VIENTOS DE AGUA

 

vientos-de-aguaLa gente que hace televisión en España tiene que odiar a Juan José Campanella. El director de cine argentino propuso discretamente una serie a Telecinco. La aceptaron, la rodaron, la han emitido… Y resulta que deja con el culo al aire a todo el sector nacional.

‘Vientos de agua’ es una bofetada en la cara de todos los productores de bazofia embuchada en forma de ficción. ‘Vientos de agua’ es la prueba de que, si se quiere (y se sabe), es posible hacer buenas series, buena televisión.

Esta emocionante historia sobre la inmigración se ve con la misma intensidad con que se asiste a un estreno cinematográfico. Olvídense de la sucesión dechistes malos y ‘gags’ revenidos a que nos tienen acostumbrados las series españolas. Aquí hay guión, actores, dirección de actores, decorados, sentido del tiempo, del ritmo, de la pasión. Y un director que lucha por contarnos algo. ‘Vientos de agua’ es una película que se desgaja en 13 capítulos, que son otros tantos momentos de televisión mayúscula.

¿Las audiencias? En casos como éste las cuotas de pantalla son, más que nunca, índices de embrutecimiento. ‘Vientos de agua’ ha estado por debajo de lo previsto por la cadena (16% en su estreno, 13% el segundo día). Tele 5 se ve obligada a cambiarla de día (a partir de la próxima semana pasa a los viernes), en un desesperado intento por salvar tan importante producto. No me sorprenden las malas audiencias: si las televisiones llevan años alimentando a los asnos con paja seca es difícil que estos aprecien la miel a la primera. Y ‘Vientos de agua’ es un tarro grande de jugosa miel, una frasca enorme que se ha derramado sobre el resto de series españolas pringándolas hasta el ridículo. Si antes ya estaban cubiertas de moscas, ahora sí que no quiero ni mirar.

Volviendo a la serie, la historia arranca en la iracunda España de 1934. Y si hablamos de 1934, hemos de situamos, indefectiblemente, en Asturias. A través de las vidas de los distintos personajes, que confluyen en Argentina procedentes del Viejo Continente, podemos remembrar parte de la dramática y convulsa historia de la primera mitad del siglo XXel ascenso al poder en Italia de Benito Mussolini en 1922 tras la Marcha sobre Roma, el ascenso al poder del nazismo en la Alemania de los años 30 con el subsiguiente antisemitismo que posibilitó el intento de solución final para el pueblo judío, la trágica GuerraCivil española (1936-1939), la Segunda Guerra Mundial, que dejó pequeña a la tremebunda Gran Guerra, las dictaduraslatinoamericanas, la explotación del proletariado, el analfabetismo de las clases más bajas, la opresión de la mujer…

Simultáneamente, en el año 2003, inmersa Argentina en una crisis socioeconómica sin precedentes, el hijo del minero asturiano que emigró en 1934 al Nuevo Continente se ve avocado a viajar a España con el mismo propósito que miles de personas lo hacen desde el Sur en nuestros días: ganar lícitamente el dinero indispensable para poder sobrevir tanto ellos en Occidente como sus familias en los países de origen. La estancia de Ernesto Olalla en España nos recuerda tan solamente algunos de los nuevos dramas del siglo XXI: prostitución, mafias, xenofobia, racismo, sangrantes desigualdades sociales, precariedad laboral…

Ahora nos encontramos en el año 2008, tiempo ya desde que los soñadores avistásemos un mundo mejor. Basta con conocer los Objetivos del Milenio, así como el grado de cumplimiento de los mismos, para comprobar que ese mundo mejor no lo es para todos los ciudadanos del planeta. No obstante, algunos seguimos anhelando ese viejo sueño: un mundo mejor.

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