LA CÁMARA: STANLEY KUBRICK

kubrick_03Es día para recordar al maestro Stanley Kubrick. Lo primero que llama la atención de su rostro, son sus ojos. Su principal rasgo son unos ojos oscuros y fríos, con los que el maestro desde joven comenzó a observar la realidad que le rodeaba. Como un verdadero fisgón, miraba con curiosidad, ya desde muy niño parecía inmutable por su caracter distante, rasgo bien marcado que le caracterizaría el resto de su vida.

Cuando vemos una de sus películas, adquirimos la capacidad de ver a través de sus ojos, verdadero privilegio, teniendo en cuenta que se trata de uno de los cineastas con mayor sentido visual que nos ha dejado el cine (junto a Eisenstein, Von Sternberg y Ophuls, a los que admiraba).

Sus películas son una sucesión de imágenes indelebles, una verdadera poesía visual, de bella factura, desgarradora e impactante. Desde el punto de vista formal, Kubrick era un superdotado. Preso de una obsesiva perfección, trabajaba cada plano hasta la extenuación del resto del equipo técnico y artístico, hasta conseguir justo lo que buscaba, sin detenerse ni conformarse.

Esa exaltación de la imagen y su instinto para cautivar con ellas es, quizás, innata. Pero mucho tuvo que influir el hecho de que su padre, viendo su interés, le regalase una cámara Graflex al cumplir trece años. Una cámara grande y pesada, que hizo las delicias de un ávido jovencito por atrapar su entorno. Junto con otros amigos de escuela, se dedicó a tomar fotografías, a forzar situaciones para lograr la imagen deseada, al mismo tiempo que se interesó por el funcionamiento técnico de la fotografía (las cámaras, los objetivos, el procesado). Desinteresado por su formación, volcó toda su energía en desarrollar su ojo fotográfico, afinar su sentido visual. Lo que le llevó a convertirse en fotógrafo profesional con tan sólo diecisiete años. Estuvo contratado como fotógrafo por la revista “Look”, que competía duramente con la más prestigiosa “Life”. Su trabajo allí le llevó a descubrir nuevas metas, dejando buena muestra de su capacidad.

El resto es muy conocido, pronto se interesó por el cine y con pocos medios (siempre fue partidario de una economía en este sentido) desarrolló su imaginación y su talento para contar historias. Los grandes narradores siempre han recomendado observar la realidad, mirar con detalle todo lo que nos rodea y, ésto, Kubrick siempre lo tuvo muy en cuenta. Su capacidad para observar estaba más que patente y desarrollada, por lo que volcó su ingenio y perseverancia en la imagen en movimiento.

Kubrick fue poseedor de un certero olfato para conferir a una imagen poder narrativo y lo fue demostrando con cada nueva película con la que se enfrentaba. Pero también poseía un empaque sólido y firme para llevar a cabo sus realizaciones. No en vano, con tan sólo treinta y dos años y una escasa experiencia cinematográfica, se vio al frente de una superproducción en Hollywood, repleta de estrellas, extras, técnicos y decorados para rodar“Espartaco”. Todos afirmaron que jamás cedía ante nada y nadie, siempre imponiendo su criterio, aunque era partidario de discutir los problemas que se encontraba y escuchar la opinión de los más cualificados. Si le tembló la mano durante el rodaje nadie se percató, porque mostró su lado impasible, a través de su mirada fría e impeturbable.

Además, Kubrick le otorgó un valor esencial a la mirada. En todas sus películas, la cámara observa al actor con minuciosidad, nosotros como espectadores miramos la pantalla pero en algún momento el actor mira a la cámara y nos convierte en sujetos observados. El asunto de la mirada queda patente en muchos ejemplos: la mirada como sospecha en “Atraco Perfecto” y también en “El beso del asesino”, donde el protagonista observa a través de la ventana; la mirada desafiante y heróica de Kirk Douglas en “Senderos de Gloria” y “Espartaco”; la mirada embaucadora de Lolita; el ojo omnipresente de HAL 9000 en “2001”; el experimento Ludovico aplicado a Alex de Large en “La naranja mecánica”, donde es sometido a observar imágenes atroces; la mirada psicópata de Jack en “El resplandor” y de Pyle en “La chaqueta metálica”; el cruce de miradas celosas de los protagonistas de “Eyes Wide Shut”.

Concluyendo, Kubrick sabía observar, sabía narrar historias con un mínimo de palabras, y nos ha dejado una filmografía en la que nos podemos sentir tantovoyeurs como observados. La mirada como ventana hacia la inteligencia humana, hacia sus virtudes, sus miedos y sus carencias.

Filmografía seleccionada

‘Killer’s kiss’ (1955)

‘The killing’ (1956)

‘Paths of glory’ (1958)

‘Spartacus’ (1960)

‘Lolita’ (1962)

‘Dr. Stangevole, or how i learned to stop worrying and love the bomb’ (1963)

‘2001: a space odyssey’ (1968)

‘A clockwork orange’ (1971)

‘Barry Lyndon’ (1975)

‘The shining’ (1980)

‘Full metal jacket’ (1987)

‘Eyes wide shut’ (1999)

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