UNA DE CINE MEXICANO: LA ZONA

 

la_zonaEl miedo al exterior es siempre proporcional a la altura de las almenas del castillo. Y los castillos de hoy día son cada vez más elevados. Sólo hay que darse una vuelta, o pretenderlo, si hablamos de alguien de fuera, por una moderna urbanización vecinal. Y si se vive en México DF, simplemente habitamos en el salvaje Oeste americano de finales del siglo XIX. Nula confianza en las instituciones (judiciales, policiales). Un mundo de ricos cada vez más ricos, y de pobres cada vez más pobres. Un lugar donde entra a jugar el llamado reducto de seguridad. La zona. Como el título de la magnífica, aterradora, nada futurista primera película del uruguayo afincado en México Rodrigo Plá, un portentoso análisis de la psicosis por la inseguridad ciudadana, narrado con potencia visual, capacidad de análisis y limpieza narrativa. Una obra definitivamente mayor a la que, quizá, sólo le falta rematar con una última decisión, aparcada a manos del espectador, que hubiera llenado de esperanza, o de sombra, el equívoco desenlace.

La zona entronca con el western americano, pero también con obras de denuncia como la legendaria Furia (Fritz Lang, 1936). Los derechos civiles, la presunción de inocencia, el Estado de derecho, pisoteados por la rabia, por la turba que, por una vez, se siente omnipotente. Éxitos recientes como La extraña que hay en mídemuestran la preocupación del mundo occidental por la seguridad personal. El conservadurismo convertido en ultraconservadurismo. Como la idea que recorre peligrosamente la película de Neil Jordan. Como la idea que pulula por los personajes, que no por el alma, de La zona, infinitamente más equilibrada, solvente, elevada y ética, que la fascistoide cinta producida y protagonizada por Jodie Foster. Plá huye de la acción y prefiere centrarse en las manipulaciones morales de sus criaturas, utilizando las elipsis como elemento de suspense narrativo, y ayudado por la excelente banda sonora de Fernando Velázquez. Mientras, desde el otro lado, Plá se desmarca del maniqueísmo y nos muestra también el cúmulo de intereses creados que provoca situaciones como la de la película, donde no hay más defensa que la propia porque la corrupción vive en estado de bienaventuranza.

¿Quién da más miedo, los de dentro o los de fuera? Al igual que en El bosque (M. Night Shyamalan, 2004), donde sus protagonistas habían decidido encerrarse en un tiempo que no era el suyo, los de La zona pretenden crear su propio mundo. Un mundo feliz, como el de Aldous Huxley. Sólo que ya habitamos en él. El futuro está aquí.

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