CLÁSICOS DEL CINE: MISSISSIPPI BURNING

¿Sabe cuánto se retrasan los relojes en Mississippi? Un siglo.

BURNINGTras el chiste se halla una imagen que, como se suele decir, vale más que mil palabras: dos fuentes para calmar la sed: una metálica y moderna, otra vieja y oxidada; una para blancos, y otra para negros. Un pequeño símbolo del “Apartheid” que durante años se instauró en gran parte de los Estados Unidos. Hoy, hace apenas unos días, nos levantábamos con la noticia de la victoria de Barack Obama, el primer hombre de color en llegar a la Casa Blanca. En fecha tan reciente como 1964 no sólo una idea así era impensable; en muchos sitios nadie habría podido concebir la simple idea de una persona de color votando en unas elecciones. Pero una parte de la ola de activismo en pro de los derechos civiles se ocupó de tratar de convencer a los oprimidos de color de que se registraran y votaran, en lo que se conoció como el “Verano de la Libertad”. En una pequeña localidad de Mississippi tres de aquellos activistas nunca regresaron. Arde Mississippi trata sobre la investigación de aquellos asesinatos.
Al comienzo de la película, una vez los hechos han sido presentados, y se nos han mostrado imágenes del horror racista, nos encontramos con dos agentes del FBI, muy distintos entre sí, quienes han sido enviados para investigar la desaparición de los activistas. Uno es Rupert Anderson, un veterano agente bastante informal y cuyos métodos no parecen encajar muy bien en el libro de procedimiento del organismo policial. El otro es Alan Ward, un joven con experiencia en casos de derechos civiles que siempre se atañe a las normas y representa la imagen más profesional y pulcra del FBI.
Muy pronto los métodos de los dos agentes entran en conflicto. Ward se muestra despreciativo de las costumbres locales, y Anderson cree que su falta de tacto con respecto a la sociedad blanca del pueblo entorpece la investigación. Anderson, criado en el sur, sabe ganarse a ciertos individuos de la comunidad local en su beneficio, mientras que Ward es demasiado áspero y directo, con lo que suele fracasar en sus interrogatorios. El veterano agente Anderson pronto ve en la mujer de Clinton Pell, el ayudante del sheriff, una via a través de la cual tratar de levantar el manto de silencio que se ha echado sobre el pueblo y desmontar la coartada de los asesinos. Pues cuando se encuentra el coche de los activistas no queda duda de que han sido asesinados.
Enfrentados a la hostilidad de la comunidad blanca y al hostigamiento de los miembros del Ku Kux Klan, Ward irá pidiendo cada vez más ayuda a Washington, en lo que se acaba convirtiéndo casi en un ejército de agentes y ayudantes en guerra contra un pueblo racista del Sur. Mientras, Anderson prefiere seguir indagando por su cuenta, charlando en barberías y peluquerías, tratando de esclarecer la intriga.
Una vez más Hollywood abordaba el tema del racismo en el Sur (el racismo de corte económico en el Norte no sé si se ha abordado alguna vez, tal vez por ser menos sangrante o violento) tomando en esta ocasión una historia basada en hechos reales, aunque la versión final trajo mucha polémica pues las licencias artísticas fueron bastante numerosas. Y siendo el director el británico Alan Parker, quien gusta de ver las pajas y las vigas en los ojos ajenos, no era de extrañar que se oyeran voces en defensa de Arde Mississippi u opiniones que la condenaran. Cuando se lo proponía, como demostró en la brutal El expreso de medianocheParker no dejaba indiferente a nadie. Y además en aquella década de los 80 el director se encontraba en un excelente estado de forma, habiendo rodado títulos como Fama, el The Wall de los Pink FloydBirdyo la deciliosamente sulfurosa El corazón del ángel. Aunque en ocasiones sacrifique dosis de realismo o de coherencia interna para tocar la fibra sensible del espectador, Parker sabe jugar con el sedal de la historia sin caer en el melodrama barato, lo que unido a un poderoso estilo visual (ayudado por su director de fotografía habitual por entonces, Peter Biziou) hace de Arde Mississippi uno de los mejores títulos del director.
A la labor de Parker hay que añadir el excelente guión de Chris Gerolmo, un tipo que no sé que hace en la actualidad pero que debería volver a escribir o a dirigir alguna película como su excelente Ciudadano X. Junto al director Gerolmo supo construir muy bien los dos personajes principales, logrando una interesante contraposición entre ambos sin caer en los arquetipos clásicos del cine hollywoodiense. Sus ácidos e inteligentes diálogos se encuentran entre lo mejor de la década sin duda alguna, y muchas de las frases más memorables del film se las lleva el personaje de Anderson.
Tanto por sus valores cinematográficos como por una historia que siempre tendrá relevancia, Arde Mississippi es un título imprescindible para completar una hipotética videoteca de clásicos de los ochenta.

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