UNA DE CINE ESPAÑOL: VACAS

 

Vacas nace de una imagen rara y hermosa. Un hombre enfurecido y loco lanza su hacha contra el bosque donde su enemigo se entrena cortando troncos. La distancia es imposible de salvar, sin embargo el hacha entra limpiamente en el bosque y, atravesando una avenida imaginaria, se clava en un tronco en medio de la espesura. 

Vacas es la historia de dos hombres enfrentados. La historia de dos sangres. Los encontramos por primera vez en una trinchera en la Segunda Guerra Carlista. Allí la sangre de uno salvará la vida del otro. La sangre será su salvación y también su estigma. Treinta años después (y por tanto, en otra generación) la rivalidad del hacha los enfrentará. En ese tiempo tiene lugar la escena descrita al principio. A partir de ella se mezclan las sangres y la hermana del vencido dará a luz un bastardo. El bastardo vivirá en sí el extraño privilegio del elegido y, como quien debe ser preservado, será obligado a cambiar el mundo. Pero al final regresará para cumplir su vida y recoger su destino.

Vacas es la historia de un hombre viejo que pinta extraños y terribles cuadros de vacas. En su juventud fue un campeón del hacha que salvó su vida en una trinchera embadurnándose con la sangre del otro. En sus cuadros hay quizás una enseñanza. Quizás los pinta para no morir. 

Vacas es una historia de hombres que envejecen, hombres sobre los que la vida pasa escribiendo con cuchillo. Sabios y miserables. Supervivientes. Vacas es también una historia de amor. De amor ilegítimo, voraz y casi imposible. Una historia del asombro y del espanto. 

A lo largo de cien años, Vacas abarca dos guerras, tres generaciones. Entre locura y tierra. Entre ternura y crueldad. A través de los helechos movidos por el viento, acompañando la ruta minuciosa de los insectos. 

Vacas es una historia del bosque, de la hierba, de los animales. Historia cíclica, historia de la vida. La vida es una “digestión mágica” y descansa o vela o acecha en el tronco hueco de un árbol caído. 

Vacas es una historia de vacas que, como las estrellas de Catulo, contemplan los amores furtivos de los hombres. El ojo de la vaca es un ojo sin juicio. El ojo sin juicio de esta ficción. 

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